Enfermedad celíaca y salud mental

Por Francisca Vera Fernández. Psicóloga y celíaca.

La enfermedad celíaca es una enfermedad crónica. Crónico significa que los síntomas se prolongan a largo plazo, perjudican la capacidad de la persona para seguir con actividades significativas y rutinas normales.
Como ejemplos de enfermedades crónicas tenemos las alergias respiratorias, Alzheimer, Parkinson y alergias alimentarias, por nombrar solo algunas.
Cuando una persona recién es diagnosticada de celiaquía significa un remezón, un cambio tanto para ella como para su familia y su entorno más cercano, se produce un impacto significativo en la percepción que la persona tiene de sí misma y de su cuerpo también.
Dependiendo de las características personales de la persona puede que le cueste más afrontar su condición o que le cueste menos, haciéndolo más llevadero.
Cualquiera sea el caso, siempre es importante contar con redes de apoyo, ya sea miembros de la familia, amigos, colegas, etc., a quienes es importante que la misma persona celíaca informe y eduque sobre las condiciones especiales de alimentación que requiere una persona con enfermedad celíaca, que de a poco vaya interiorizando(se) sobre lo que conlleva comer sin gluten, los cuidados que se deben tener, etc.

Una buena idea es motivar a estar redes de apoyo a asistir a charlas que constantemente se están efectuando por organizaciones relacionadas con la enfermedad celíaca, de esta manera las personas que conforman nuestra red de apoyo podrán tomarle el peso y la seriedad que corresponde a esta enfermedad, el cual no es menor, sobre todo considerando que en Chile tenemos una cultura en la cual se socializa a través de la comida, todas nuestras actividades sociales están en estrecha relación con la alimentación y para una persona celíaca que no cuenta con una red de apoyo lo suficientemente fuerte, estas situaciones pueden conllevar sentimientos de estrés, incomprensión, frustración, entre otras.

Lo más importante y una de las claves para poder reconciliarse con uno mismo y con esta enfermedad, es entender que cada uno es responsable de su propia salud, si yo no me cuido nadie más lo hará por mí, tiene que ver también con el respeto que tengo por mí mismo(a), con mi autoestima, con mi autocuidado, y es esencial empoderarse del propio cuerpo y de la propia alimentación que estamos llevando, para desde ahí extrapolarla a terceros (familia, amigos, colegas, etc.).

Solo entonces podremos empezar nuestro camino hacia un bienestar más integral y que cada vez perjudique en menos aspectos nuestras actividades significativas y rutinas cotidianas.

 

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